30 de junio de 2014

Decálogo de san Ivo de Kermartin (1253-1303).

Decálogo de san Ivo de Kermartin (1253-1303)


1º Ningún abogado aceptará la defensa de casos injustos, porque son perniciosos para la conciencia y el decoro.

2º El abogado no debe cargar al cliente con gastos exagerados.

3º Ningún abogado debe defender causas valiéndose de medios ilícitos o injustos.

4º Debe tratar los casos de todos los clientes como si fueran propios.

No debe ahorrar trabajo ni tiempo para obtener el triunfo del caso que le ha sido encomendado.

6º Ningún abogado debe aceptar más querellas de las que su tiempo disponible le permita.

El abogado debe amar la justicia y la honradez, tanto como a las propias niñas de sus ojos.

La demora y la negligencia de un abogado a menudo causa perjuicio al cliente, y cuando esto acontece el abogado debe indemnizarlo.

9º Si un abogado pierde un caso debido a su negligencia, debe recompensar debidamente al cliente perjudicado.

10º Para hacer una buena defensa el abogado debe ser verídico, sincero y lógico.

11º Un abogado debe pedir ayuda a Dios en sus defensas, pues Dios es el primer protector de la justicia.

12º Los principales requisitos de un abogado son: sabiduría, estudio, diligencia, verdad y sentido de justicia.

imagen de San Ivo de Kermartin.

San Ivo de Kermartin (francés Yves Hélory de Kermartin, bretón Erwan Helouri a Gervarzhin) (17 de octubre de 1253 en Kermartin, una aldea cercana a Tréguier en la Bretaña, Francia - 19 de mayo de 1303 en Louannec, Bretaña). 

Santo francés, y patrón de los abogados y de los niños abandonados. San Ivo es asimismo santo patrón de la Bretaña. Su fiesta se celebra el 19 de mayo.

Era hijo de Helori, señor de Kermartin, y Azo de Kenquis. En 1267 Ivo fue enviado a la Universidad de París, donde se graduó en derecho. De París pasó a Orleans en 1277 para estudiar Derecho canónico. A su retorno a la Bretaña y habiendo recibido las órdenes menores fue designado "oficial", el título dado a un juez eclesiástico, del archidecanato de Rennes (1280); mientras tanto estudió las Sagradas Escrituras, y hay fuertes razones para creer que algún tiempo después se unió a la Tercera orden de San Francisco en Guingamp. Fue invitado por el Obispo de Tréguier para pasar a ser su oficial, aceptando el ofrecimiento en 1284. Mostró gran celo y rectitud en el desempeño de sus deberes y no desistió en la resistencia a la injusta fiscalidad del rey, que consideraba una violación de los derechos de la Santa Iglesia. Por su caridad, se ganó pronto el título de abogado de los pobres. Habiendo sido ya ordenado fue designado a la parroquia de Tredrez en el año 1285 y ocho años más tarde a Louannec, donde falleció de muerte natural, tras una vida de trabajo duro y constante ayuno.


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